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En el último episodio, el Sargento ‘Camballá‘ Castillo es ‘depositado’ en plena selva amazónica por culpa de una plasnificashión demasiado… ¿surrealista?.

Sargento ‘Camballá’ Castillo [monólogo intelestuá]: joíos jíbaros… meno má que pude escaparme: les apunté con mi convershashión y… coñes… se rindieron… y d’eso que s’iban a poné en huerga por exceso de faena… ná de ná… joénnn… a corré por la serva… no é corrío niná… con la de bicha que’ai… menos má que madao tiempo de llegá a la croqueta del hermanamiento; ámos a respasá er equipo de combate: sí, endiluego que Pepeblás está’n'tó: avé, ¡menuda borsa d’avituallamiento viene con er necesé oficiá!, y vacía, p’a que cunda má; ya verá qu’arrase en er cóte del Capitán Miranda: [FOTO que publicó La Voz] no voy a dejá ni las papafrita, que argo habrá que llevá p’a Cadi ¿no?… pos’eso… ar’ataaaqueee…

[interior avión | volando van... al Uruguay]
Sargento ‘Camballá‘ Castillo: Vamové, que semos uno monstruos, mecachindiés; el dosmídoshe, el dosmídié, y el dosmíocho: la Pepa, Colombia y el Celestino. Joén, fuimo a vendé uno, y nos han colao dó: pero qué listos que son estos colombianos… que digo yo que la jefa tendrá prevenías toas las contingenshias, que si no… vamo a plasnificá…
[el Sargento 'Camballá' Castillo saca su caja de colorines y apunta]
SCC [sigue]: le ponemo ‘Mutis’ a la valla del parque, que ya está pagá y… me llevo una… lo del premio, que es apañao… y… ¡listo!¡tú sí que vales! vamo ahora por el de Colombia… izamos la bandera, sí, ya verás que risa… le ponemo ‘Juan Valdez‘ a la otra valla, la del muelle, sí… ¿y p’al dosmínueve? avén… en el Uruguay… ¿el cumpleaños de Fleurquin? visto, menudo plan eshtratégico… ahora mismo voy a enseñárselo a la jefa…
[las horas pasan y el avión se interna en el cielo de la selva amazónica]
Melchor: ¿visteis a Castillo?
Alejandro: hace rato que no; estaba con la alcaldesa
Almudena: sí, la jefa le señalaba algo en el mapa ¿sabes qué era, Mabel?
Mabel: lo siento, he hecho voto de silencio, he parado el blog y ya no cuento nada estoy comiendo
Melchor: chica, tranquila, mira por la ventanilla: esto es la ley de la jungla
Almudena: uy, ¡mirad! ¿qué pone en esa pancarta gigante?
[un enorme cartel se extiende sobre las copas de los árboles de la selva]
Alejandro [leyendo]: gra.. cias… Teo… por… la carga… de trabajo
Mabel: ¡¿qué?!
Melchor: ¿y quien la firma?
Alejandro: a ver… un momentito… ¡los jíbaros!
Almudena: pordió, ¡¿y Castillo?!
[cuando miran hacia adelante, ven que una rubia acaba de cerrar la puerta del avión y que algunos lápices de colorín ruedan por el pasillo; el coro de la prensa gaditana retrocede incrédulo por la cola del charter; cuando la rubia les recomienda silencio extendiendo el índice sobre sus labios sonrientes, los periodistas convidaos, despavoridos, aporrean la puerta del retrete; 'ocupadooo', suena: son los concejales Romaní y Ortiz, temblando como un solo hombre, pero a dos voces]

En la última semana constitucional, el Ayuntamiento de Cádiz, velando por reforzar sus vínculos con Iberoamérica y gracias a una gestión personal del concejal Castillo -en plena clarividencia geográfica-, reservó a Finlandia el papel de país protagonista. El equipo de gobierno municipal prepara ahora el siguiente capítulo de su culebrón doceañista.

[estratosfera noche | en un avión sobre algún lugar del Atlántico]
- oiga, Romaní -dice doña Teófila- ¿qué hace Castillo?
- tiene los cascos puestos con el curso de finlandés que usted le compró; parece dormido
- ¿el que traía escafandra? -dice ella
- sí, pero la escafandra se la confiscaron en Jerez
- ¿y eso?
- no cabía por el escáner
- ah, bueno -entorna los ojos-; hay que ver lo que se esfuerza este hombre -dice ella
- ¿manda alguna cosa más, señora?
- no, nada, gracias; retírese
[Romaní se aleja hacia la segunda clase]
- pero ¡chico! -grita ella de repente
- ¿sí? ¿diga? -Romaní acude de nuevo
- ¿y cómo lo oye? -pregunta intrigada
[el pasaje chista intentando dormir]
- le ha puesto una pajita a la casete y con dos vasos del Danone…
- no me diga más, Romaní, lo que se aprende en Cultura ¿eh?
- y en los viajes, señora -apostilla el concejal
- sí, y en los viajes -doña Teo se relaja por fin y vuelve a cerrar los ojos, esbozando una enigmática sonrisa
[Romaní llega a su asiento, contiguo al que ocupa el Teniente Concejal Ortiz, insigne patriota de la Acción Nocturna del 19 de Marzo]
- ¿qué te dijo la jefa, Nacho? -dice Ortiz
- preguntó por Antoñito
- normal, yo también estoy preocupado -replica-; menos mal que la azafata no le dejó sentarse junto al piloto ¿eh?
- sí, aunque con él nunca se sabe: esto del batallón expedicionario no está pagao
[el runrún de los motores amortigua las ganas de hablar]
- oye
- qué
- si ves renos o hielo por la ventanilla… me despiertas, ¿vale?
- tranquilo, Juanjo, hemos tomado medidas
[mientras contesta, el concejal Romaní se palpa con disimulo los calcetines de neopreno y siente las dos estampitas de San Cristóbal que el municipio ha incluido en el neceser oficial; 'tiene que ser suficiente', dice por lo bajini, 'tiene que serlo'; solo él sabe entonces que la brújula de dotación que Pepeblás alquiló en El Millonario lleva dos meridianos bailando atacá el chiki-chiki]

[exterior noche | inmediaciones de la Plaza de Sevilla]
Teniente Concejal Ortiz: ¿mesescucha, mesescucha? cambio
Sargento ‘Camballá‘ Castillo: sin novedá, mi teniente, noche cerrá y en poshichión, cambio
TCO: afismativo, pues m’ace usté una descubierta desde la RENFE y s’asegura que no viene el comes, ¿oskei?
SCC: sórdenes, mi teniente concejá, cambio
[el sargento Castillo avanza entre los matorrales ojo avizor]
SCC: ¡mi teniente!, ¡mi teniente!, cambio
TCO: psss, Castillo, volumen de combate, pordió, los rojos no descansan
SCC: se siente, mi teniente concejá, permisho pa’informá
TCO: venga, hombre, diga ya
SCC: esto está más solo qu’el Faro Las Puercas, mi teniente concejá, ya puede usté cruzá
TCO: poz allá que vamo… ¡por Egggpaña!
[el Teniente Concejal Ortiz, ejemplo de ardor patrio, salta la línea discontinua, rueda sobre la de las multas, dribla a Kiki y escala el bordillo de la isleta; los fotógrafos silban el chiki-chiki mirando hacia otro lado]
TCO: ¡prueba superada! -grita por el gualquitalqui
SCC: mi teniente concejá… ¡é usté un monstruo!
TCO: chitón Castillo, y vente p’acá con el materiá
[el sargento Castillo llega a la isleta y extrae de su antibalas la enseña nacional]
SCC: é más chica, pero iguá de bonita, ¿no cree? -dice
TCO: y ademá pesa meno; anda, tira, y dale al manubrio, Castillo
[de noche, entre los charcos picados y con fuerte viento de levante, el comando municipal iza la bandera patria]
SCC [sudoroso]: jó, y si el camarada Trillo nos viera ahora… ¿eh, mi teniente? é que lo estoy sintiendo aquí mismamente -dice señalándose una parte difusa del estómago- igualito qu’ener Perejí
TCO: pues eso Castillo… grita conmigo… por el camarada Trillo… ¡viva Santander!
SCC: ¡viva!
Kiki: ¡¿ein?!
TCO: é que Honduras me pillaba a desmano ¿sabe?
Kiki: ah, bueno
[tras los gritos de rigor, el comando municipal se aleja victorioso de recogida]
SCC: oiga, mi teniente, que ya no é usté invisible ¿sabe?
TCO: lo sé, Castillo, todo sea por la patria; además, así paso a la historia de cuerpo entero ¿no crees?: tres mil años de patria nos contemplan, buen escudero
SCC: no.. sí… eso seguro: en las enciclopedias van a tené que hacé p’a usté un desplegable, o dos, mi teniente concejá
[tras ellos, la bandera de España, gracias a nuestros heroicos munícipes, ondea con nocturnidad y alevosía; la Acción del 19 de Marzo, ejemplo del honor patrio, será recordada para siempre en los anales de la dignidad nacional].

La señora alcaldesa no sabe tocar música, pero sopla la trompeta. Nada aprendió de Barcelona y Sevilla. Ahora ocurre en Zaragoza. Esos Ayuntamientos supieron afinar sus recursos, su imagen corporativa y sus esfuerzos e integraron su acción técnica y política en los organismos encargados de la ejecución de sus importantes proyectos ciudadanos. Fueron y son cuestiones de estado, como lo es en Cádiz la conmemoración del Bicentenario de La Pepa.

Con la trompeta doña Teófila hace ruido, y rapiña méritos, además de dar dolor de cabeza a los que vienen a Cádiz a echar una mano. Dicen que era suya la mano que impedía que el Oratorio de San Felipe Neri pasase a propiedad pública para convertirse en Centro de Estudios Constitucionales; es suya la valla que discute el nombre del segundo puente, aunque el ‘paganini’ quiere llamarlo, con acierto, de otra manera; también se sabe que quiso apropiarse del Castillo de San Sebastián como una pirata inglesa, pero sin parche: menos mal: en los cuarteles y en el dique, en lugar de instalaciones sociales, hizo viviendas de renta libre; además tenemos los tararís de don Antonio ‘Camballá’ Castillo buscando América en Finlandia, el banderón autoconcedido que no sirvió para que los méritos históricos de nuestra ciudad fueran reconocidos por los representantes de la Nación, o los disfraces, que no uniformes, del General de Brigada de la Milicia Nacional (el GEBRIMÍN de Cádiz, según se abrevia en las Fuerzas Armadas) don Enrique García-Agulló, milicia entrenada por un capataz de procesiones al que tildan de dar algún que otro pasito de más y fuera del tiesto. El surrealismo andaluz tiene en este Ayuntamiento una fuente inagotable de inspiración.

O sea, que sumando trompetazos, cuatro premios, el chiste del Porvoo-rón y el Castillo-rón, la musiquita casposa y los juegos infantiles, lo que va dejando doña Teófila en el Bicentenario son zancadillas, regates sin balón y ese mantra que suena en el espejo de su despacho, que, imitando a Zubiela, repite ‘tú, tú, tú’, así se le pregunte por la más bonita, la más generala, o por la niña, la prima o la algo… de don Mariano Rajoy.

Es el miedo a que la medalla se la ponga otro, es la improvisación, la desidia intelectual del equipo de gobierno, la falta de respeto a las otras instituciones (saca su propio logotipo y su programación independiente), es puro egoísmo político que impide que las nueces, las de verdad y no el ruido, lleguen a esta ciudad y rebosen más allá de 2013.

Es de esperar que tras esta fantochada de Semana Constitucional, la señora alcaldesa recapacite, abandone la quinta columna y empiece a afinar su instrumento con los demás. Las obras son importantes y no debe usarlas para hacer política cateta y partidista. Su orgullo no puede ser un obstáculo para las inversiones ajenas. Si no, que se sepa: si persiste en su romería personal, tras su paso, a los de Cádiz no nos va a quedar sino una fuente para dar de comer a los patos.