La alcaldesa de Cádiz quiere hacernos creer que lleva años trabajando para la conmemoración del Bicentenario, pero en muchas de sus actuaciones se nota cierta improvisación. Con la planificación adecuada, es decir, trabajando realmente con el tiempo suficiente, hubiera podido hacer partícipes a los propietarios de las fincas de su iniciativa para el exorno de la ciudad mediante banderolas alusivas al Cádiz 2012. Pero no. Otra vez estropeó una buena idea por no contar con los ciudadanos afectados. Y con escalo.
Suena a precipitación de última hora, como ocurrió con el encargo de la bandera de la Plaza de Sevilla que no se realizó en plazo suficiente, y hubo que izar un sucedáneo de peor calidad que no satisfizo a los dioses patrios.
Pero hasta aquí, solo es una prueba más de la gestión de una administración que carece de rumbo y planificación, y que prefiere el ‘hágase’ al ‘participa’. Si además tenemos en cuenta que alguna de esas banderolas se ha atornillado a edificios de interés histórico, incluyendo algún BIC, pues estamos hablando de conductas ilegales y de absoluta ausencia de respeto y cuidado por la riqueza de nuestro futuro económico común, es decir, por el patrimonio.
Si el francés quiso tomar nuestras murallas, Madame Teofilé se ha encaramado a nuestras fachadas. En tiempos de La Pepa sobrevivimos a las bombas gabachas con tirabuzones, en el trece… ¿qué quedará de Cádiz tras los ataques de estos catetos desbrocados? ¿cómo defendernos de una alcaldesa que usa su bastón de mando como un berbiquí? Y eso que la señora es arquitecta técnica, que si llega a estudiar demoliciones…
Moret y Castelar aún andan escondíos: se vieron cargando con el banderón como en una película de Kurosawa. Y no, no haré la broma fácil… de tales fachas… tales fachadas. Vaya, parece que sí la hice. Será que se me fue un espiche.



