El concejal José Blas va a gastarse bastante más de 600.000 euros en encontrar a los gaditanos que faltan, ya que los datos que el propio Ayuntamiento manda al INE, y que son contrastados en el Consejo de Empadronamiento cruzando altas y bajas de distintos municipios, delatan que la ciudad que sonríe, además de sonreír, se extingue embobada en sus banderolas, y que los fondos públicos, que se reparten en consonancia con la población de cada ciudad, menguan año tras año barruntando aún más la quiebra municipal: somos ya tan pocos que ahora me explico la oportunidad del lema de doña Teo: CCC = Cádiz Capital del Condón.
Así, como es natural, ni hay manera de comprar sólidas estructuras de superficie para anunciar el Bicentenario -obligando a la señora alcaldesa a recurrir al profundo espiche monumental- ni banderas nacionales con calidad corteinglera, sino retales de saldo piojetiles con sospechosa tendencia al siete.
Nunca hubo en Cádiz tantas pisos como ahora, pero las malas lenguas dicen que hay pocas viviendas protegidas. Nunca hubo en Cádiz tantas fincas rehabilitadas en el Casco Antiguo como ahora, pero las malas lenguas dicen que son segundas residencias de la gente de fuera o que están vacías en manos de especuladores y asustaviejas, florecidos -ambos- gracias a una política municipal compadre y permisiva.
Habrá que estar atento para saber si en esta Primera Cruzada Censal Blasiana solo se cargan al padrón los hallazgos y no se restan las ausencias: muchos gaditanos que viven en el cercano exilio de San Fernando y Puerto Real -gracias a la inexistente política de viviendas para jóvenes de doña Teo- siguen, casi siempre por corazón, empadronados en sus antiguos domicilios paternos. Es recomendable que otros agentes sociales preparen auditorías externas sobre este estudio: el maquillaje de los datos es sencillo.
Pero, en el fondo, el dilema de Blas es económico: los echados de Cádiz en la última década suman 17.041 personas, que dividiendo los seiscientos mil euros por lo menos que su búsqueda nos va a costar, tocan a 35,20 euros por aparecido. Teniendo en cuenta la aportación por habitante que hace el estado y suponiendo que aparecen todos… ¿cuántos años tienen que pasar hasta el próximo censo para amortizar este despilfarro? Parece un mal negocio que solo se explica por la cabezonería en no querer reconocer el resultado de una política municipal tan ajena a la realidad de los ciudadanos que ha provocado la desaparición de la propia población. Y eso… durante quince años triunfales de vino, vallas y rosas. Uy, no; rosas, no: gaviotas.
José ‘Indiana’ Blas, látigo en mano -la multa es de 3000 euros-, eficaz y leal como pocos conservadores de esta ciudad, no solo va a bonificar vivir aquí, aunque un poco tarde, sino que va a sacar nuevos gaditanos hasta de debajo de las piedras. Ya me veo a las agrupaciones provinciales del PP haciendo cola en la ventanilla del gaditanismo. Las malas lenguas, sin embargo, coinciden con la señora alcaldesa en que el mito de Castellón es una mentira roja. Las malas lenguas dicen también que si Pepe Blas quiere encontrar a los ‘fugados antipepé’ que mire en las cuevas de María Mocos: allí están los diecisiete mil agazapados y sin decir ni mú, de perfil para que no se les vea, con tal de hacer la puñeta a nuestra inmobiliaria unidad de destino en lo universal.
Y si aún así no suman bastante, por bando municipal, doña Teo, de aquí al doce, nos va a poner a todos a… a reproducirnos como conejos, que las cuentas son las cuentas y la publicidad hay que pagarla. Ojalá me toque la niña que anuncia sostenes en las marquesinas del autobús, porque esa, conociendo a Pepe Blas, seguro que también termina empadronada en Cádiz, esquina con La Gloria. Y más fija que nadie.
Por prudencia, me hubiera gustado negarme a desarrollar un nuevo lema municipal: CCC = Cádiz, Cama y Casquete, pero no he podido. Ya me entienden. Los tímidos que no se preocupen: para anirmarlos, doña Teo va a gastarse más dinerito en publicidad, que es lo suyo, no piensen mal: ni te digo lo linda que va a quedar La Pepa, ligerita de tanga, en un desplegable de papel cuché.
Pues eso. Allá que vamos, Blas. Sus, y a ellos.




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[...] es, sobre todo, incompetencia. Ni Cádiz ni el doce se merecen una administración así. No hay cruzada blasiana que valga: la Pepa, a este paso, también termina en Castellón. « [...]