Hoy, al menos en el caso del Palacio de Mora (BIC 1981), la banderola municipal ha desaparecido. Desconozco si el causante de la volatización banderil ha sido algún ciudadano montaraz jalando en defensa de nuestro patrimonio, o si es un extraño -y silencioso- acto de contricción de la señora alcaldesa, que no ha terminado la reparación del daño infrinjido a la ciudad: ‘cuando desperté, los pernos todavía estaban allí‘. El Consistorio gaditano, tras la experiencia adquirida en el ridículo de la bandera nacional, empieza a especializarse en corregir sus errores con disimulo ninja.
En el resto del Centro Histórico de Cádiz, que declararon Bien de Interés Cultural en 1978, siguen clavadas las banderolas como en el monte del olvido que compusiera Larrea, aunque aquí, el olvido, más que del amor, es del respeto a la historia propia y a la ley.
Pero… ¿quién no ha clavado alguna vez un peaso de piqueta en la fachada de una iglesia del siglo XVII? Sin compartir su manera de actuar, quizá llegase a entender que la precipitación, la falta de planificación y un equipo mal dirigido pudieran producir actuaciones en la ciudad similares a la propia de la carcoma. Nadie es perfecto, pero se piden disculpas y a seguir. Una simple nota reconociendo el error sería suficiente para olvidar el asunto, aunque, a la fecha, la soberbia sigue enmudeciendo la honestidad municipal. Se conoce que doña Teófila, si no es para autobombo, no valora en mucho su comunicación con la ciudadanía.
Por otra parte, tras algo de viento, muchas de ellas ya lucen revoleás en sus pértigas. ¿Vamos a estar así hasta el 2012? ¿Cuánto nos va a costar cada levantera de aquí al Bicentenario? La Plaza de San Antonio, donde es más evidente este nuevo mamarracho y las banderolas van a pares por farola, recuerda cierta imaginería de la semana de pasión. La Tacita de Plata ya no es tacita sino calvario, y está por ver cuánto de plata doña Teo va a orear en estos cuatro años de trapofilia.
Se trata de otra buena idea sacrificada por transmitir una ‘fachada de actividad‘ antes de tiempo. No importa el despilfarro. Banderas al viento, que decía el ‘Montañas nevadas‘. Y, hasta el 2012, con el brazo en alto; por si se vuelan.



